Si pudiera darte un beso
me quemaría,
porque el deseo de tenerte me incendia.
Lejos y yo tan cerca
del abismo oscuro,
cerca,
y yo tan lejos de tus charcos.
Si pudiera darte un beso
el destierro engalanado por las mañanas se marcharía,
me recogerías
del destiempo y para eso no queda era.
Dame un beso,
te lo suplico
que del deseo los labios se envenenan,
la cabeza se enfría
al ritmo de la entrada de la primavera,
y los árboles nunca despiertan.
La diferencia,
marcada
La diferencia,
creada.
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Los bailarines de la corte esperpéntica
Bailemos.
Baila, baila conmigo, rózame con suavidad la palma de las manos, envuélveme en tus carreras y giros, haz que vibre el universo contigo.
Embriágame de la solemne promesa llamada eternidad, exprésame con tu cuerpo el reclamo de la lluvia, las nubes y los días grises. Dime que lo olvide todo, que escape a ese tardío refugio donde solo puedo ser yo.
Paseas de puntillas hacía mí, paciente, con la elegancia digna de los sauces llorones acariciados por el viento.
Tornaste a la oscuridad más enfermiza, la coloque en un altar que nunca deje de alabar, lo señale como una vía accidental. Después, te la regale en forma de versos impregnados de ti, de tu copiosa vida.
Te dibuje un mapa para que me mostraras las soledades que te achicharran y ese sentido existencial que te domina, por querer ser participe de tu desdicha.
https://www.youtube.com/watch?v=BrCxYOc1tfE&list=UUGUFQkggEDbkF950hLc5K8Q&index=3
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