Noche maldita

 
Sosteniendo tus hombros al borde del precipicio, embriagado en el licor de la melancolía nos encontrábamos escuchando Nirvana. Inmersos en su voz rasgada y sus escalas depresivas nos vimos morir a merced del hombre que vendió el mundo...
Tus ojos derramaban soledad, tu cuerpo vencido al cansancio de la desesperación y yo, que te quería más que a nada, bajo mi capa de compasión deje emanar un suspiro de dolor al saber que nunca sería capaz de hacerte feliz.
Me pedías una y otra vez esas dos canciones que despertaban tu verdadero ser y me limite a darte ese veneno, a compartirlo contigo y a cargarlo conmigo a lo largo de mis días. 
Necesitaba cumplir con tus perspectivas, con tu futuro enclaustrado en un ideal lejos de la realidad. Quería ser esa persona capaz de encajar en el perfil soñado de tu imaginación...
Te levanté, te desvestí, te metí en la ducha y acompañe hasta desmembrarme debajo de ti, dejándome sumisa ante tus promesas atractivas y desesperanzadoras: me topé con las sábanas embrujadas de las noches de lluvia, la humedad que proviene del fin del mundo y el despertar de los amaneceres más soleados. 
Me torné vacío, me torne furia, hasta convertirme en la última persona del mundo que hubiera deseado jamás...

A pesar de todo, te pienso

 "¿Sabes? No soy solo un cuerpo.

Lo que puedes observar en una fotografía es una mera representación física de una forma heredada biológicamente, curtida por la experiencia y cuidada con cariño.

(Aunque a veces no tanto).

Soy un torrente sanguíneo que respira pasión y se estremece con el simple roce de un dedo. Mi piel, mis huesos, mis aristas, mis vértices y mis cicatrices conjugan un mero envoltorio que utilizo para impregnarme de lo que existe fuera, lo que me rodea, y poder devolverte mi visión al respecto.

Mi punto de vista. Mis reflexiones y mis inflexiones. Mi ser. 

(Algo que no se puede intuir en una simple fotografía).

Soy un vehículo conductor sobre el cual circulan infinidad de sensaciones, sustancias y energías; las cuales recopilo, organizo y observo con singular detenimiento. 

Lo verdaderamente importante se aloja en mi interior: en mi corazón fulgurante y en mi cerebro sediento de nuevos estímulos; eso que late, emociona y corrompe; eso que estalla, incendia y arrasa.

Soy un derroche de deseo, hormonas y conexiones que hacen de mí un particular mapa sensorial que solo logran interpretar quienes saben mirarme con otros ojos... 

¿Tú te atreves?

En una imagen solo se contempla una silueta formada por átomos dispuestos de una forma concreta. La magia está dentro. Debajo de ese papel de regalo se esconden infinidad de desvelos y fortalezas, de libertades y ansias...

Esta soy yo y algo más ¿Has podido hacerte una idea?"



Alejandra G. Remón

La podredumbre nos ha invadido cada poro,
las venas se han corroído del oxido,
desapareciendo en cada atisbo de realidad perpetua.

El silencio es mejor que el ruido
de una conversación invadida por el desasosiego de la perdida.

El dolor, la noche y un suspiro,
golpes de fuego y olas verdugas,
el adiós clama al cielo,
verte amanecer es el segundo plan
y el tercero,
una balada triste interpretada a piano en la sonata patética.

Ya te has ido, no he podido hacer nada,
ya te has ido y el olvido, tu mirada y los miles de abrazos que me diste dejaron su calor impregnado en fantasmas.

Estoy mejor sin ti,
decía la piedra.
Estoy mejor sin ti,
decía la reina.
Estoy mejor sin ti,
nada queda...

Tus ojos, tu piel morena y el aroma a sexo en tu habitación,
un milenio, un reclamo, un día y la condena.

El vértigo se disipa con el haz de luz que irradia el camino.
- ¿Ves el horizonte?
- A mi me queda muy lejos.

La planta de mis pies se apoya en tinta negra, dándole tierra a cada uno de mis pasos, sintiendo que pronto podré correr, más que antes incluso, porque mi mochila está dejando atrás el peso que me hacía ser quién soy, o eso creía.
Voy a soltar la cuerda del pretérito pluscuamperfecto a ver si así logro darte mi calor, olvidar mi guarida de secretos, que tan celosamente he guardado y privar del miedo al espejo que me atraviesa.

Uno, dos, tres, siento el interior de tus labios, a golpe lento.
Cuatro, cinco, seis, tus manos y el invierno de mi sueño.
Siete, ocho y nueve, verdad o atrevimiento.
Diez... la mejor versión de la canción que no creí poder escribir.

Inoportuna


Si no lo veo, subyacen aquellas gotas colmadas de verdad,
la incertidumbre nubla,
las cicatrices abundan,
la fortuna escasea
y tomas el camino del que prometiste aprender para no volver a pisar.

Corres hacia el futuro
eligiendo tu presente con cuidado,
a sabiendas que se truncará en cualquier momento
y tendrás que volver a empezar.

El control no te pertenece,
la lengua te puede,
el arrojo te domina
y pierdes.

Míralo, se marcha,
agotaste todas las oportunidades.

No estas preparada
¿Lo sabes?

La culpa




La luz se ha hecho ante mí y ahora sé que la culpa es mía.

Soy la causante de que te hayas ido y si confesara mis actos, perdería la palabra.


Te mereces SER como quieras, y yo te destruí por dentro y por fuera, fui un ser ruin y despiadado, pero inconsciente.

Lo siento, te cargue con el peso de la rabia sin ver la mía, escondida entre los matojos de mis pensamientos misericordiosos.

Tengo lo que merezco, el dolor de perderte.

























Eres mala, me dijiste un día, tenías toda la razón.

Ya no puedo



Las decisiones que tomas pueden cambiar tu vida del día a la mañana por eso les tengo tanto miedo.

Ya no puedo llamarte amor,
te has esfumado y ni una palabra me debes ni crees que merezca.

He sacado todo lo malo de mi y estoy sumida en el infierno de mis pensamientos,
ya no tiene sentido que mire por si te veo cuando paso cerca de la que era nuestra casa,
ya no discutiremos por el decorado del salón,
tampoco por las sábanas.

Ya no discutimos,
ya no puedo sentirme incomprendida,
enfadada, ya no te tengo.

Ojalá volvieras a pesar de todo,
ojalá pudiera disfrutar de esa sonrisa canina
pronunciando "que guapa eres" cómo el último día feliz del final, lo grabé a fuego en mi cerebro vaticinando el desenlace.

Soy incapaz de ver el deslucido,
lo hay y sé que no merece la pena...

Al Niño Etéreo

Dante Gabriel Rosetti - Muerte de Beatrix


Me siento tan pequeña que se me clava el invierno en las costillas, aunque ya es primavera.

Las historias pasadas son gigantes que se alzan por las noches para perturbarnos el pensamiento, haciéndonos salir, buscando aquello que tanto nos pesa.
Te reconcomen el alma a bocados, el tiro al aire fue echado. El olvido ha inundado tus días pero cuando el recuerdo vuelve, te partes en mil pedazos.
Plantear, desmembrar, retozar y aniquilar, corre el tiempo, se engalana el viento, se diluyen los pasos, los momentos, el futuro prometido y te vuelves a sentir pequeño, fuera de tu cuerpo y en invierno.

Te sigo soñando por las noches aunque no te piense, el subconsciente me embadurna de olores familiares aunque más etereos cada vez. Al menos ya no veo tus ojos por los rincones, ni imagino tu forma al otro lado de mi cama, no te veo a menudo en cada cosa ni te espero cuándo llego a casa.

Los tesoros que anhelaba se esfumaron y qué más da, el río sigue su curso y el sol sale cada amanecer, tengo que ser gallo que canta en la mañana, nube recorriendo el mundo y estrella eclipsada por la luna, tengo que mirarte a los ojos y no sentir nada.

Si acaso, me estrellaré con la cabeza en el lomo pardo de los rinocerontes de cuernos rotos, retozando en los charcos... que sería de la aurora y del infierno mío, entumecido e inválido.


El dolor

¿Qué es el dolor para ti?

Una consecuencia, una causa, un desliz...

Una puta perra bastarda que te hace jirones mientras te miras el alma y ves oscuridad, un pozo y el infierno.

Impía noche que acaricias mis pesadillas, tuyo es mi cuerpo.


En mi interior anidan los buitres,
clasifican la carroña que sale de las tripas,
dejan las pieles muertas para causar infecciones
y se llevan los resquicios de vida útil,
cada mañana.

Me alejan del camino,
me invalidan,
me corrompen,
me asfixian,
cada mañana.

Ellos tienen nombres y apellidos:
el recuerdo,
la impaciencia,
la entrega,
el ego,
la ira
y Elisa Jiménez.

¿Algún día seré capaz de liberar las cuerdas enclaustradas en mis ojos?
¿romper la piel desde dentro hacia afuera?
y... ¿afrontar mi realidad con su crudeza perpetua?

Tengo miedo al tiempo porque no pasa.




Mi cuerpo se pudrirá en el vacío, los recovecos se llenarán de rabia
¿Quién soy yo?
Un destrozo, el final, un medio-tiempo

Escóndelo, no enseñes tus cicatrices al mundo ni le digas que no le tienes miedo a la muerte porque nadie te creerá. No quiero más y no ansío más, solo puedo contarte que la sangre coagulará porque este no es el momento de marcharme.
Esta noche yaceré como cada una de ellas desde que existo y quién sabe, mañana quizás no amanezca y la oscuridad eterna penetrará hasta que alcance la frialdad.

El Sol Rojo




Destrúyelo todo si quieres, nadie vendrá a salvarte.
Sin mirar dónde vas el infortunio te esperará.
Duerme, mañana quizás amanezca el sol rojo y se lleve cualquier tormento.
Ahora voy a destronar al rey de la verdad porque la oscuridad debe hacerse hueco.
No sonrías, llámame, te estaré esperando...
Sé que te estás partiendo en tres pero tu salvador no soy yo.
Mierda,
te he fallado de nuevo y no puedo seguir caminando a tu lado, adelanté mis zancadas y ahora no logro encontrarte.
Si ves el camino, los cipreses te conducirán dónde todos esperan y mi sepulcro tendrá tu lugar.

Destruida la razón ¿qué más queda?
El recuerdo del verano,
el calor de un abrazo,
y mucha mierda.

Deseos perforados por el tiempo,
ennegrecidos en épocas no prolíficas.

Mal, mal, mal
resuena en mi cabeza, me auto ataco.

El mundo se encarga de destrozarte las entrañas,
de destruirte y siempre lo consigue de una forma u otra.
Mentiras y más mentiras,
son la felicidad del viandante,
no creas que no tienes esa suerte porque tu también estas contaminado.

¡Mentira, mentira, mentira!
¡Destruyete!
Habrá un mundo mejor.


La mayoría de mis problemas surgen cuando mis acciones importan más por su forma que por su interior y cuando las pruebo, son insípidas.

Fecha y daño



Vivimos en las mentiras enjauladas por sonrisas,
empleamos conexiones rotas
que a veces creaban cortocircuitos
y producían magia.

~

Eramos ficción inconexa,
larga y duradera.
Meses dubitativos sin puerto,
y decido acabar con todo,
sin seguridad ni beneficio
atesorando dolores por tu sola presencia, que ya no es sola, ni es mía.

Ver tu fortuna, aquella que fui incapaz de conseguir, me hace vislumbrar un sentido distinto. Necesitabas esa revolución, ese impulso para crecer.

Las fechas avanzan innegablemente y todavía puedo sentirme en ocasiones herida y traicionada, fracasada y poca cosa.
Intento ver un atisbo de luz en nosotros y pocas veces lo consigo, a menos que mire alguna foto y se me caiga el mundo encima al mirarte a los ojos, o al mirarnos.
Duele, no se como descargarlo, quitarlo y soltarlo.
Estoy rota.
Pienso en volver contigo, luego que ya no me quieres (sé que es cierto) y luego impotente porque no se como hacer algo, y en el caso de saber no quiero.
Ya no siento tu orgullo, ni tus ganas, ni tus sueños.

Nos esfumamos como las cenizas con el viento,
el declive del parpadeo que ya no nos lleva a ningún lado.
Nos dejamos morir y nos enterramos, separados, para que las malvas no se juntaran siquiera.
Te sigo viendo a lo lejos y observo entre la tierra  como los gusanos te comen, aunque no quiera.

Dejamos pasar el tiempo entre idioteces sin fundamento
e impulsos olvidados.
Ahora recuerdo los millones de domingos anclados,
las tardes dormidas,
los planes cancelados
y las miradas marchitas de incomprensión.
Ahora veo la hoguera a la que íbamos sin freno.

Las soluciones también se borraron, las luchas terminaron.
La felicidad se ha encargado de ponernos en nuestro lado.




Te escucho con el miedo de la realidad que hace trizas la mía. Deseo que desaparezcas pero tu terciopelo y tus brasas me acompañan y me hacen sentirme una hoja contra el viento, surge el pánico a mi alrededor, me vuelvo frígida y sensible, los pasados arrastran.

Estoy, estaba, estabas.
Hoy, antes, atrás.
¿Ahora?

No puedo.


Golden Leaves - Brad Kunkle



Los girasoles muertos solo escriben una vez al año
mariposas encontradas y
lirios desgastados.

Un fallo, el equilibrio
el desierto del designio
un acierto, me confundo
el desliz se hizo trama.

Derroche de energía aúrea
disculpas, revistas,
esto es otra era.

Ya no duermo mientras existo
solo describo los grises, los blancos
ya dejó la negrura su manto.

Que la muerte me critique
que se apiade del delirio
un sueño, la reliquia del tiempo desvastado.

Iluminado,
realizado,
Encontrado.

Voz


Mi voz desaparece por momentos
se ahoga en mi garganta
y se niega a salir,
si fuera por ella llevaría días dormida.

Ha perdido fuerza, potencia y ganas
no quiere luchar ni desperdiciarse si no merece la pena
ya sabe que no es valiosa pero solo se tiene a sí misma
y si desaparece, lo haremos las dos.

Me duele la garganta, me aprietan las formas
y el sacrificio.
La cabrona solo quiere beber, eliminar lo rasposo que haya en ella
y no romperse, aunque yo le pida que lo haga.


¿Merece la pena o necesitamos un cambio?

Cambio de estilo, colocación
y hábitos.

Detrimento


Me desintegro en grises
de desdicha y comienzos.

La piedra caliza se rompe por momentos,
solo los fósiles del tiempo consiguen homogeneizar su superficie,
la realidad se distorsiona y enmudece.

Me confunde la incertidumbre,
el río y el lago
que llevan consigo cascadas de precipicios,
vivos y muertos,
solitarios y acompañados,
con fluidez permisiva hacia el instinto de ningún lado.



Miranda (The Tempest) - John William Waterhouse

Volver a volver


Me sangraste la vida,
me sacaste todo lo bueno:
la literatura,
los pájaros de la inspiración.
Te llevaste aquello que era solo mío
y ahora me encuentro vacía
sin palabras ni rimas,
vendida al  paso del tiempo,
negada al placer de la soledad.

Me alejé de mí misma para hacerte desaparecer
y perdí mis manías,
ahora soy muy distinta a cómo imaginaste,
abandoné a la tristeza en el sótano,
tiré mi música,
mis ojos,
mi olfato,
mi nombre.

Abracé a la rutina como la mejor de las compañías
¡Y ya no tengo sueños!
¡ni anhelos!
ni pasos certeros
y me descubro recordándote,
con medias sonrisas
al borde del precipicio
con el vestido del infortunio.

Quiero volver a volver a quererte,
quiero volver a volver al adiós.