A mi fantasma

Lo encontré.
A él, a mi fantasma en la canción del olvido.
Vi su vestigio y me atrapo de nuevo. Sus palabras cegadoras de tantas verdades por revivir, el sonido de una cuerda azul que lo separaba de mí y su eterno baile con su enemigo. Todo es vacío, sus memorias en la oscuridad me hablan en el papel amarillento escrito con su trazo, en su estante lleno de polvo.
Estoy sola... pero siempre vuelves, insondable, con la celebración que nunca más soñaremos.
-"Ahora sé que no hay nadie esperando al final de ese sinuoso y largo camino."- decías, teníamos un final, un destino prefijado por la noche confesable del dolor y de la interminable tristeza que sentías, que ahora siento, desde que comencé a dormir con mi sombra.
No puedo ver que esta es la realidad porque en mi vida no habrá nadie como tú.

Goodbye my lover - Bittersweetvenom


-"Te extraño más de lo que nunca sabré."- Ojala hubiera sido cierto.
https://www.youtube.com/watch?v=pUZeSYsU0Uk



Pase lo que pase

Siempre seré la astilla
clavada en tu sien,
cual herida tapada
y abierta a la vez.
Tus movimientos harán que se agite
y siempre saldré
como un fantasma inconcluso,
al que querrás ver.

Y tú serás la espina de mi jardín
mi rosa más amada,
mi flor más preciada,
pero te olvidaré
porque los años me acompañan
y la vida sigue,
impasible,
donde quiera que estés.

Moriremos, y
nos encontraremos en otra existencia
por amarnos demasiado,
por hacernos tanto daño,
por ser ese titulo imborrable,
pase lo que pase.


Caleidoscopio



Miro a través de mi caleidoscopio, miro a su infinito luminoso y colorido. Girar y girar.
Formas ampliadas con los sueños, sonidos que me envuelven al chocar, todo se desvirtúa de la realidad.
Formas que se entrelazan formando formas nuevas, sonidos que suenan cuando acarician los bordes, circulo causante del giro, de todo lo desvirtuado, vivido, soñado.
¡Girar y girar! ¡Sin pestañear!
Naranjas y azules, verdes y rojos, amarillos y violetas, un sinfín de mundos construidos que quisiera ver a la vez, pero que solo me dan posibilidad de dos matices y no suelen ser complementarios. Extremos intocables, formulados.

Caleidoscopio, tú mi fuerza, mi iniciativa, mi subsistencia. A ti que tanto debo el giro innegable de los acontecimientos, a ti que me muestras el camino hacia lo fantasioso, los anhelos.
Eres mi luna en un cielo oscuro con restos de cenizas, eres mi sol cuando se completa el día. Mi choque de placeres, mi visión más deseada.
Mi amado azul, querido morado.



Desecho


Mendigo de amor y cariño, de ilusiones, un vampiro. Usas como arte la mentira y la soberbia te domina.
Tienes el alma corrupta, demasiado rota, por eso siempre serás soledad.
El esfuerzo no radica en tu credo, ni el cambio, ni el avance. Ser estático es sinónimo de debilidad.
Incomprendido, olvidado, desafortunado son tus propias definiciones, tristes y desoladas, tú como culpable.
Los escombros te rodean, comienzan siendo bellos y terminan pudriéndose entre desidias, oliendo a descomposición de recuerdos hasta ser sepultados por unos nuevos. Nunca sustituirlos fue un dilema, tú sobrevives, es vital; tú te rodeas de nuevo y no te alcanza el abandono.
Pobres escombros, siempre creen ser únicos pero solo forman parte de tu plan maestro.
Los espejos se retuercen con tu imagen, el dolor se ha atesorado en tu vaina, la miseria forma parte de tu identidad y tus avilés ojos que un día titilaron, tienen el fondo más oscuro que el mismo ébano.
Maltrataste demasiadas almas. No muchos pueden vivir con eso pero tú sigues adelante, con tu plan maestro.

¡Que gran pena siento por ti! ¡Que lástima!
Crees ser un espécimen diferente, atormentado por ti mismo; realmente solo eres un ignorante de la felicidad.


Sean Mundy - Diluvio

"El hombre que ha de mendigar amor es el más miserable de todos los mendigos." Rabindranath Tagore.



"Clín, clín"

Conocí una vez un hombre de pelo blanco, de escaso tamaño, arrugas pronunciadas, ojos de halcón y sonrisa dulce. Su postura erguida y sus andares nerviosos dominaban la escena, sacando su mejor parte.
Pude ver cada día como visitaba la residencia donde su mujer se encontraba, siempre con palabras amables, con la derrota en sus piernas y con la fuerza de las personas que aman demasiado.
Impartía alegría por donde iba, saludaba todo el que se cruzaba en su camino y hablaba a los que no le entendían ni prestaban atención, como si pudieran. Ayudaba, invitaba y se convertía en el bálsamo para aquellos solitarios que buscaban una mera compañía entre la estampa desolada que acentuaba cada día ese lúgubre lugar.
Alguien así no pasa desapercibido.
Entre los residentes, había un invidente que permanecía pegado al pasamanos de uno de los pasillos. Sus ojos grises perdidos y su continua expresión acusada por el ceño fruncido, mostraban una vitalidad de escasos sentimientos gratos. El hombre de escaso tamaño se acercaba a él cada día y lo saludaba con un sonido característico, unas notas percutidas por su anillo en el dedo anular contra el frío metal del pasamanos. Los ojos grises al principio intentaban descubrir de quién se trataba hasta que asocio ese "Clín, clín" y respondía con otro "Clín, clín". Se creo un saludo especial.

Pasó el tiempo y el ser de arrugas pronunciadas se mudo a la residencia de su mujer. La tristeza atesorada en ese lugar pudo con su ánimo, destruyó su postura erguida y sus andares nerviosos. Sus ojos de halcón se fueron apagando y su sonrisa dulce se volvió amarga. La soledad lo dominaba aún habiendo estado tantos años conviviendo con ella, supongo que nunca llegas a acostumbrarte.
La enfermedad ocupo cada parte de su cuerpo, su salud fue envejeciendo con rapidez hasta que la cama se convirtió en su mejor amiga.
Muchos residentes preguntaban por él al igual que sus familiares, se había ganado un hueco en el corazón de muchos.
Su familia estuvo acompañándolo hasta el último de sus días. Su gravedad se iba acentuando pero no perdía su preocupación por los demás; recuerdo una tarde en la que entré a su habitación para llevarle la merienda y estaban sus nietas de visita, no dejaba de preguntarles si deseaban un helado o cualquier dulce, estaba a escasos amaneceres del final. Él siempre fue generoso.

El temido momento se iba acercando, esperábamos lo inevitable. El olor a enfermedad inundaba la estancia, el olor a sangre fluía por su respiración y su rostro mostraba resignación.
Estaba de guardia esa tarde, sentada delante del ordenador poniendo en orden las dietas de mis pacientes cuando llamaron por teléfono desde su habitación, me informó un familiar que estaba agonizando. Avisé a las auxiliares y nos dirigimos a su dormitorio. Cuando llegamos, encontramos a su hermano con la mirada pérdida en un mar de ausencias en la sala y dentro, al lado de su cama, su nieta agarraba su mano clavando los ojos en su semblante, derramando lágrimas y susurrándole de forma casi imperceptible que tuviera un buen viaje y que lo quería.
La apartamos para hacer las pruebas pertinentes y cerramos la puerta, no pudimos hacer nada, se había marchado.
Salimos de la habitación, encontramos a la familia desolada, me dirigí a su nieta y le dije que no había nada que hacer, ella me miro de forma vacía, coloque mi mano en su hombro como consuelo.
- No te preocupes, no se ha ido solo, tú estabas a su lado.
La joven asintió a modo de gracias.

Hace dos años que nos dijo adiós y hay veces que no logro olvidarle, ese sonido característico, ese "Clín, clín" sigue resonando en el pasillo pues el invidente sigue allí postrado y no lo olvida.



A la persona que más me ha consentido en el mundo.


Diamantes


Los diamantes son personas que se hacen tan básicas y tan importantes en nuestras vidas que parecen creadas únicamente para nosotros. Aparecen cada ochenta o noventa perlas... Mi último diamante en bruto se perdió no hace mucho.
Posiblemente ya no me recuerde con la misma intensidad, no me añore ni me necesite. Ahora solo pertenezco al pasado helado, desparramado y mancillado de errores. En cambio, él se evoca en mi memoria a su antojo y no puedo dejar de seguir sus pasos.
Las personas que perdemos y sabemos que no recuperaremos nos crean el deber de olvidar qué les pasa y les preocupa. La gente lo hace por sobrevivir... quizás yo no deseo sobrevivir de esa forma, aunque realmente no he tenido otra.


<<No puedo vivir sin ti
>>Sí que puedes
>>Sí, pero no quiero.>>

Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven
. Albert Espinosa.

Inmortalidad


Años de inmortalidad… arrebatando una vida tras otra.
Conocí el rostro de todas aquellas damas a las que obligué a vagar bajo cielos tormentosos. Drenando leguas de rubíes que fluían por sus venas, mientras moribundas desataban el rocío de sus lágrimas.
Ahora siento la nostalgia por volver a acariciar los cárdenos cabellos de una dama, que me apreso en la irrealidad como un espectro oculto en campanarios abandonados… pero la rosa de sus labios gotea ahora la sangre de otras épocas…

Durante siglos, he vivido con su recuerdo. Todavía siento fascinación por aquel rostro que ha marcado el resto de mi existencia.
“Helena”, y su nombre resuena en cada rincón de mi castillo, martilleando mi corazón helado. El lastimoso recuerdo de aquella doncella se encomienda en mi memoria hasta llevarme a los abismos más recónditos de la nostalgia…

Siglos atrás concebí su imagen, en la soledad de aquel paisaje lechoso que rodea mi castillo, donde la hojarasca y macilenta que cubría el suelo hacia vislumbrar su cuerpo, tiritando por el rumor del hielo.
Observe su figura, percibiendo que la muerte no estaba lejana y decidí convertirla en mi presa. Avance a una celeridad de vértigo y no pudo apreciar mi movimiento hasta que nuestro cuerpos se encontraron, frente a frente, separados por una brisa gélida y empapada. Nuestras miradas se encontraron, y la tierna inocencia de sus ojos hizo que perdiera el aliento.
    -  Hay que saber que la noche no es para los que no la merecen.
    -  Si estoy aquí, es porque sé que algún día, la noche querrá merecerme a mí
Antes de que el tiempo le diera aman de escapar la abrase, aparte su cabeza dulcemente para morderle el cuello y sentir como su corazón latente callaba, pero no tuve el suficiente valor, aunque sabia que ella lo deseaba tanto como yo.
Mi deseo me llevo a preservar su inocencia de la muerte para salvaguardar la belleza de su tedioso letargo. En la tranquilidad de una apacible estancia de mi castillo, ella dormía soberbia y hermosa mientras embaucaba mi mirada absorta en su rostro.
Ella, que debió ser  banquete para inmortales, durmió aquella noche junto a mi cuerpo helado, sumergida en las gélidas caricias de la mortandad.
Tras el crepúsculo, le ofrecí como hogar mi castillo y pasaron cientos de Lunas entre tétricas mascaradas y melodías siniestras que llenaron cada gala nocturna, bailando en las oscuras noches y rodeados por los bailarines de la corte esperpéntica.

… El recuerdo fue sustituido por la furia y la ingenuidad de mis anhelos. Contuve el deseo de destruir todo aquello que rodeaba mi inmunda estancia.

Helena supo de mi condena eterna y quiso ser participe de mi desdicha.
Desde antes de conocerme le abandonaron las ansias de vida y por esos parajes helados lo único que buscaba era que la muerte se hiciera cargo de ella.
No permitiría que mis instintivos deseos de darle la vida eterna cedieran ante sus súplicas y expulse a mi amada del castillo.
Un sollozo impotente evocaba mi desgracia, rememorando mi cólera y mi ira después de rechazar una funesta condenación con el ser que mas he amado.

Desde el momento que Helena se marchó, no había una sola noche que no evocara en mis sueños su regreso a mi castillo, para hilar bailes al son de la música mortuoria…
Nunca volví a ver a mi sílfide enigmática, mas las hechiceras encorvadas me aseguran que, buscó ser victima de inmortales como tanto había deseado en tiempos pasados. Su búsqueda le llevo hasta tierras rumanas, donde entregaba su espíritu al laberinto fúnebre de las tinieblas de un bosque de paisaje idílico.
En constante peregrinaje a través del bosque, observo como un joven vampiro de cabellos dorados y ojos pálidos, avanzaba hacia ella con porte majestuoso. Su piel azulada advertía que todavía sus venas no estaban alimentadas y Helena permaneció inmóvil, en pos de conseguir su anhelante inmortalidad.
El nomuerto calmo sus plañidos de vida, y en su culminante abrazo beso sus venas.
La sangre pasó a ser fuego y el fuego pasó a ser cambio.
Helena renació después de la muerte sintiendo que su corazón no palpitaba más y que su piel palidecía a espasmos gélidos…

Y desde entonces no hay duende que ose acercarse al bosque, ni tan siquiera la más hermosa ninfa. Por que la que antes era una bella dama, inocente y enigmática, ahora es la reina de las sombras. La lluvia que empapa las hojas y llena el aire del rumor a sangre. Una dama para las que no pasa el tiempo, una dama eterna, una dama oscura.


Basado en Favole, de Victoria Francés.
Año 2009.